La Atalaya: ¿un enclave maldito?

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La Atalaya: ¿un enclave maldito?

Mensaje  Sergi Cullen el Mar Ene 05, 2010 1:17 am

Una de las teorías con más simpatizantes dentro del campo de la investigación paranormal defiende que las emociones de las personas pueden «impregnar» el ambiente.
Por lo tanto, en aquellos lugares en los que se han producido muertes terribles es posible que perviva de algún modo una extraña «energía», provocando extraños fenómenos. Este podría ser el caso de La Atalaya.

El 20 de abril de 1987, los novios María del Mar Perales Serrano y Alfredo Lozano Galán habían ido a La Atalaya para pasar el día. Esa madrugada, cuando la pareja se encontraba dentro de su Citroën Visa, un agente de policía de 33 años, Isidro Mejías, descargó su arma reglamentaria contra los jóvenes. María del Mar presentaba disparos en la muñeca, en la mano y en el pecho. Alfredo, por su parte, falleció a causa de dos heridas de bala en un ojo y en el cuello. Después de asesinar a la joven pareja, el policía se introdujo en el Citroën y se pegó un tiro en la sien. Las causas de tan brutal asesinato nunca se descubrieron. Parece descartado el crimen pasional y ninguna otra hipótesis ha logrado aclarar el porqué de este hecho. La familia de los fallecidos no conocía al agente, y éste, casado y con dos hijos, no tenía ningún problema grave y llevaba una vida absolutamente normal, según explicaron sus allegados. En la actualidad, un recordatorio de mármol, al que nunca le faltan flores, puede contemplarse en el lugar del crimen: «En memoria de la juventud truncada de Alfredo y María del Mar. 21 y 19 años. 20 de abril de 1987». El sanatorio maldito Cerca del lugar en el que fue brutalmente asesinada la joven pareja se erige un antiguo hospital, hoy en día abandonado. Antaño cumplía la función de sanatorio para tuberculosos, pero al erradicarse la enfermedad se transformó en un hospital infantil. En esa época comenzaron las obras de construcción del campo de fútbol, la piscina, los columpios, etc. Años después, a principios de los 80, se habilitó también para el tratamiento de adultos. Según nuestras pesquisas, es a partir de esta época cuando el edificio adquiere fama de maldito, pues algunos de los pacientes comienzan a relatar historias de gritos y lamentos de procedencia desconocida. Finalmente, el hospital cuelga el cartel de cerrado, al parecer por falta de pacientes.

Una primera inspección del decrépito edificio muestra el lamentable estado de abandono en el que se encuentra. En la primera planta se pueden observar escombros por todas partes y el techo está a punto de venirse abajo. El resto de la construcción no está en mejores condiciones. El viento entra por todas partes y ratas y otros animales campan a su anchas. En las paredes algunas pintadas llaman nuestra atención: «Aquí se mata»; «aquí te puedes volver loco»;«el que entra en este lugar, no sale».

Sin embargo, la zona que trasmite peores sensaciones, donde cualquiera con un mínimo de sensibilidad puede notar una atmósfera especial en el ambiente, es la antigua capilla. Situada en el primer piso, según nuestras informaciones hasta el lugar acuden grupos de personas para realizar sesiones de ouija y extraños rituales. En lo que parece un altar, al fondo de la estancia, observamos una desagradable escena. Una paloma estaba atravesada por uno de los hierros que partían de la pared. El pobre animal era mecido por el aire que se colaba por diversos agujeros de la construcción. Extrañas experiencias Durante la investigación pudimos acceder a diversos testimonios, como el de Elena Pérez, que aseguraba tener conocimiento de la aparición ante algunas personas de un niño fantasmal en el antiguo hospital. Otro testigo, Hernando González, nos confesó que una noche decidió acercarse al edificio. Según su narración, pudo contemplar durante un buen rato cómo un potente «foco» iluminaba tres estancias. Hernando asegura que no había nadie más allí, por lo que el fenómeno no podría deberse al efecto de linternas o de algún otro medio de iluminación.

También existen algunos documentos gráficos captados entre las paredes del viejo hospital, los cuales no son determinantes, pero que al menos podemos catalogar como curiosos. Carlos Torrijos nos facilitó dos instantáneas que presentaban algunas anomalías. En la primera de ellas, tomada en una de las estancias, puede distinguirse lo que semeja una figura de perfil, con un tronco y unas piernas visibles. Si nos posicionamos en una postura racional, es fácil concluir que dicha figura es simplemente un efecto óptico causado por un juego de luces y sombras y los desperfectos de la pared. Sin embargo, si nos fijamos con atención, parece que el presunto «ser» posee cierto relieve. Además, Carlos nos decía que en la sala en la cual fue tomada la fotografía no existen desconchones en la pared con esa forma. ¿Fotografía paranormal o simple capricho lumínico? En la segunda fotografía que nos cedió Carlos Torrijos se aprecia una figura luminosa a contraluz, que parece apoyarse en la pared y proyecta una sombra frontal. Según nuestro informante no había nadie en el lugar, por lo que se podría descartar que la luz del flash impactase contra una persona, provocando dicho efecto. La dama blanca Una de las leyendas urbanas más conocidas es la de la «chica de la curva». En síntesis la historia podría ser como sigue: un conductor se encuentra de madrugada a una joven haciendo autostop. Para y la muchacha le pide que la lleve a la ciudad más cercana. Al cabo de unos minutos, la chica le dice al automovilista que tenga cuidado en la siguiente curva porque en ese punto de la carretera se mató ella en un accidente. Cuando el hombre se gira para responderle, la muchacha ha desaparecido.

En Ciudad Real existen dos lugares en los que supuestamente se aparece la «chica de la curva». Uno es la carretera Ciudad Real-Daimiel y otro La Atalaya, concretamente en la curva que existe justo a la entrada del antiguo sanatorio. Sobre este supuesto fenómeno, tuve la oportunidad de recoger las declaraciones de un joven que me narró una experiencia en ese mismo punto. Cierta noche de verano circulaba con su moto, acompañado por un amigo en la parte trasera, cuando de repente se cruzó en su camino una figura femenina semitransparente, cuyo cuerpo sólo estaba cubierto por una especie de camisón. Al parecer, iluminó a la fantasmal aparición con el foco de la moto durante algunos segundos.

Es posible que este suceso guarde alguna relación con una de las historias más comentadas sobre La Atalaya. Se cuenta que en 1939, unas semanas antes de terminar la Guerra Civil, una bella mujer ataviada con un traje blanco y que irradiaba una potente luz se apareció en aquel lugar a varias personas durante noches sucesivas. Sólo cuando terminó la guerra dejó de verse.
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